Echamos un suelo…



Echamos un suelo en el primer piso y es una locura ver lo bonitas que se ven las formas orgánicas de lo hecho a mano cuando son subrayadas por una línea perfectamente recta. Es pura magia y cuesta dejar de mirarlo.

Empezamos el miércoles antes del amanecer al fulgor de una candela y de una linterna que iluminaba a la vez el sitio donde íbamos a echar el suelo y la salita, donde mezclamos la arlita y el cemento con agua en una "pastera" (un gran cuezo para amasar típico de las tierras al este del Ebro). Lo echamos en cubos y lo izamos con una cuerda con un gancho. Así tal cual como habíamos hecho para el suelo del desván.

Por esa pastera ha pasado hasta hoy todo el material que conforma los muros y los suelos de Casa Luna. Y no estamos hablando de unas pocas toneladas.

Igual también debería dorarla cuando acabe, como con la paletilla con la que adoro trabajar.